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NO HAY MIEDO QUE POR BIEN NO VENGA

NO HAY MIEDO QUE POR BIEN NO VENGA

Había una vez un bebé que tenía miedo; con el tiempo lo superó, pero lo peor de todo fue no tener los medios suficientes para expresar lo que sentía; lo mejor: tenía a unas personas de confianza que, cuando eran bebés, pasaron por lo mismo, y aunque no siempre sabían porqué la criatura lloraba o se estremecía, le acompañaban y le abrazaban hasta que los temores se desvanecían.

Lo habéis adivinado: los ángeles protectores son los padres y las madres que velan por la seguridad de sus bebés. Y eso pese a que durante el primer mes de vida, el miedo poco tiene que ver con lo que vendrá más adelante; mejor dicho, en una edad tan temprana, el bebé no reconoce a la persona que le está salvando de sus temores, pero poco a poco irá adquiriendo este conocimiento, a la par que nuevos miedos irán surcando su horizonte.



Lo primero son las cosas, no las personas



Y es que el miedo a las personas, siempre en circunstancias normales, no aparece hasta unos meses más tarde; así, los bebés temen primero los estímulos sensoriales que, a la par que novedosos, sean portadores de una cierta brusquedad: esto se manifiesta, como es evidente, a través de los diferentes sentidos. Por ejemplo, luces con excesiva intensidad, el ruido de la lavadora o de cualquier electrodoméstico que los pille desprevenidos, la cara o el tacto desagradable de algún muñeco o juguete, o un simple bache no visto a tiempo cuando van por la calle en el cochecito (y también cualquier ruido en espacios abiertos como pueden ser los motores de los coches, gritos, etc.).



imagen de muñeco terrorifico



La reacción de los bebés puede ser muy variada, desde llorar hasta simplemente ponerse a temblar, o agitarse. Es obvio que la única manera de que se calmen es cogerlos en brazos y hacerles mimitos, porque aunque aún no “reconozcan” a mamá o papá, pronto adquirirán conciencia de quien les calma y les salva de esos temores que no por irracionales deben ser menospreciados.

Pero cuando ya saben quién está ahí para cuidarles, surgen nuevos miedos, hacia los seis meses de vida, si no antes; y están muy relacionados entre sí. Uno es el miedo a los extraños, sobretodo a aquellos que, pese a su buena voluntad, muestran una actitud invasiva con respecto al bebé



Personas extrañas… y no tanto

El otro miedo es el de separarse de papá o mamá; es muy lógico que ahora que ya los reconocen y saben que están ahí por ell@s, teman que desaparezcan de su campo de visión ni que sean sólo unos segundos. Es lógico como decimos, pero no le pasa a todos los bebés, como también se dan muchos casos de peques que sonríen a todo el mundo y que no tienen miedo a ver rostros desconocidos.



mujer dispuesta a asustar



Por eso, como es lo más normal, no debe preocuparnos. El bebé está cumpliendo etapas vitales y la de los miedos concretos no es más que otra de ellas. Respecto a estos dos temores, que pueden parecer diferentes pero que van en paralelo, los bebés aprenderán a su debido tiempo que, por un lado, los padres, pese a ser las figuras más importantes en esta etapa de sus vidas, no son las únicas personas en el mundo que les pueden hacer felices o mantenerlos a salvo, y por otro lado, que el hecho de perder de vista un momento a papá o a mamá no significa que no vayan a volver.

De la actitud de los padres, pues, dependerá en gran medida como irán superando sus temores los bebés. Y es que, a partir de los 2 años, llegará el miedo a la oscuridad, que muchas personas siguen portando en su edad adulta… Por eso, nunca hay que menospreciar los miedos que tengan los bebés, porque cuanto más les ayudemos a superar sus temores, antes verán que todo tiene una explicación.



Y tu bebé, cómo reacciona ante lo desconocido?


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