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PORQUE AÚN HAY QUIEN CREE QUE UNA A TIEMPO...

PORQUE AÚN HAY QUIEN CREE QUE UNA A TIEMPO...

La semana pasada los medios de comunicación se hicieron eco de un hecho bastante desagradable, ocurrido en Francia: la bofetada de un cura a un bebé que no puede contener el llanto en el día de su bautizo. El bebé llora desconsoladamente mientras el cura intenta calmarlo, pero finalmente pierde la paciencia y le propina una bofetada. El bebé, como es fácil de imaginar, sigue llorando, aún con más fuerza. Por fortuna, se encontraba desde el principio en brazos de su madre, y finalmente el padre (ambos totalmente perplejos ante esta lamentable situación) logra arrebatárselo al cura, que lo tenía cogido por la cara, según se aprecia en el vídeo, de muy malas maneras, después de zarandearlo.





No se trata de estigmatizar a ningún sector de los que conforman una sociedad, ya que, desafortunadamente, imágenes como ésta se producen mucho más a menudo de lo que pudiéramos desear, y no sólo en iglesias o en actos religiosos, sino en muchos otros ámbitos; pero este suceso es denunciable por varios motivos:



1) el agresor no entiende que él no es nadie para abofetear a un bebé, que además no es suyo, y que hay otras maneras para intentar calmar a un pequeñín que llora.

   2) tampoco parece ser consciente de que el bebé, pese a la presencia de sus padres, se encuentra muy lejos de su zona de confort, esto es, de los lugares comunes que le son conocidos. Se encuentra en un lugar enorme, lleno de personas con las que quizás ha tenido contacto más de una vez, pero que en el fondo le siguen siendo extraños.

     3) además, es el centro de atención, y aunque no pueda entender lo que está pasando, se ve expuesto sin quererlo a los “focos mediáticos” de un acto como es el bautizo, y con toda seguridad debe sentirse el protagonista involuntario (por eso está llorando, es normal)

      4) la falta de empatía de esta persona es espantosa: quizás el bebé se calme después de un rato aclimatándose al contexto al que se ve expuesto, con lo cual, intentar acelerar el proceso mediante una bofetada no es evidentemente la mejor solución. Y para eso están sus padres, para hacerle sentir el calor que evidentemente, no va a conseguir el bebé a través de una tercera persona.



un padre besando a su bebe



La actitud de los padres resulta incuestionable: al estupor provocado por la reacción del cura, se une el respeto que sin duda deben sentir por el lugar de culto religioso en el que se encuentran y por la edad del capellán. Aún así, y después de ver los zarandeos a los que este eclesiástico somete al bebé, reaccionan con firmeza y logran arrebatárselo pocos instantes después.



En otras circunstancias, un suceso así podría plantear algunas preguntas, como por ejemplo si realmente tiene algún beneficio dar un pequeño cachete a un bebé (o a un niño pequeño) para intentar que se calme (sinceramente, en Garabatus creemos que no). Pero, cuando se trata de una persona totalmente ajena al bebé, que no calibra las consecuencias de su acto, y en un lugar que se supone un remanso de paz, esta pregunta carece totalmente de sentido.



Como conclusión: este acto lo podría haber cometido una persona de cualquier otro ámbito,  pero no por ello deja de ser denunciable que quién se supone predica una palabra de amor y generosidad, pueda tomarse la “justicia”, lamentablemente y nunca mejor dicho, por su mano.



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