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Las Aventuras de Glu Glu

Por Garabatus



Glu Glu, el pececito que brilla por las noches, era muy querido entre sus amigos y amigas en el río; siempre estaba dispuesto a jugar con los demás, y a nadar bajo el agua buscando su comida, siempre contento de poderla compartir.

El río, que se llamaba Conglot, era muy largo, desde que nacía en las Montañas del Agua Dulce hasta unirse con el Mar de la Sal. A Glu Glu le gustaba mucho recorrer todo el río, pues así podía saludar a los demás peces y pasar un buen rato. Era muy apreciado por todo el mundo y él siempre tenía una sonrisa que dar.

GluGlu rodeado de amigos peces

A menudo, cuando llegaba a la frontera con el Mar de la Sal, sentía un poco de miedo, pues estaba todo muy oscuro, y ni siquiera la luz que salía de sus escamas podía darle una idea de lo que había más allá.

Glu Glu estaba creciendo, y como todo pez brillante, cuando se hace mayor su destino es el mar; sabía que se acercaba el día en que tendría que marcharse y cruzar el río, y estaba muy asustado. Un día, en la cueva en la que vivía con su mamá, ésta le dijo: “Glu Glu, se acerca el día de tu partida al Mar de la Sal; estoy un poco triste pero a la vez contenta de ver a mi hijo brillante crecer; pero no te veo muy ilusionado… es que no quieres llegar al Mar?

“No mamá, me da mucho miedo…. no se ve nada y mi brillo no me sirve como luz” respondió Glu Glu, que cada día que pasaba estaba más preocupado por su marcha. Su madre no insistió más para no ponerlo nervioso. Pero pensó que, antes de la partida, a Glu Glu le gustaría conocer a otro pez que vivía, en un lugar escondido, muy cerca de las Montañas del Agua. Así que al día siguiente, mamá llevó a Glu Glu río arriba, por lugares conocidos hasta que, en un lugar concreto, giró y se metieron por una cueva enorme que era totalmente nueva para su hijo.

Esta cueva estaba muy muy oscura, pero sabían que era grande porque se veía un punto de luz diminuto en cada una de sus cuatro paredes; la luz la proyectaban peces guardianes que brillaban como GluGlu, pero estaban muy lejos. Glu Glu se estremeció y cerró los ojos, y se dejó llevar.



Después de mucho rato nadando, vieron una puerta muy grande, y mamá dijo “hemos llegado”. Había un espacio entre la puerta y el suelo de la cueva, y por allí pasaron. Dentro vieron a un pez barbudo de un color muy blanco. Mamá se despidió de Glu Glu con un beso, y cuando él tomó consciencia de ello, las mejillas de ambos se llenaron de lágrimas.

el pez GluGlu despidiendose de mama

Mondia, así se llamaba el habitante de la cueva, se acercó a Glu Glu con nadar lento, y le dijo: “hijo, el destino de todo pez brillante es el Mar de la Sal: no tengas miedo porque nada puedes hacer para cambiarlo; allí verás peces desconocidos, pero si eres valiente todos te querrán”. Glu Glu no sabía qué decir, estaba nervioso; por eso Mondia siguió hablando y le dijo: “ve hacia el Mar, y no dejes que el miedo te venza”.

Glu Glu salió de la cueva, triste aún pero esperanzado, pues había visto en Mondia alguien en quien confiar. Recorrió el camino de vuelta hacia la salida de la cueva, y sin dejar de estar un poco nervioso, pero animado por las palabras del pez barbudo, empezó a nadar en dirección al Mar de la Sal, sin saber las maravillosas aventuras que viviría allí.

Y es que, a veces es necesario que los demás te den un pequeño empujón para que veas de lo que realmente eres capaz.


(continuará)

GluGlu en la frontera con el Mar de la Sal